Miguel Ángel Asturias



El Baile de las Quimeras


ISLAS que flotan y desaparecen al capricho del lago,
ISLAS en las que apoya sus plantas el Flechero Verde,
Águila de Arboles,
                             Jefe de Cazadores,
al enastar
su flecha
pluma
de
quetzal
en el arco
de su palpitación
y
dispararla
al azul                                azul
                                       el
                                  por
                              der
                          cen
                        as
                      al
                 que
        flecha
                 des
                      cien
                            de
                               por
                                    el
                                       es
                                          pe
                                             jo
                                                del
                                                     la
                                                        go
a herir a Cuatricielo
                              aguayayay
                                              aguayayay
!Cuatricielo herido...
                               herido por el reflejo
de
    una
         flecha
                  en el agua
                                 ay-aguayayay
                                                      aguayayay
en verdad herido,
herido por el reflejo de una flecha
que al desgarrar sus carnes de lava transparente,
desanuda copales, soles, ombligos, sonidos, magias,
espumas, burbujas, palabras, tatuajes, colores,
guacamayas de escarcha, guacamayas de fuego
                                                  aguacamay-ay
                                                                 aguacamay
el viento
             el viento
                          el viento
melaguaj
             melaguaj
                           el viento desatado,
desanudadas las espumas,
los ombligos, los soles, los copales, las magias,
las burbujas cabalísticas, las burbujas que tomaron
los Oropensantes-luceros-dioses
para hacer al Hombre-de-las-Cuatro-Magias,
cuatro cabezas, ocho brazos, ocho ojos,
ocho manos, ocho piernas, cuatro corazones,
el hombre cuatro veces ombligo, cuatro veces viril,
cuatro veces artista, pintor, escultor, músico, poeta,
el Hombre-de-las-Cuatro-Magias-del-Cielo
que en verdad era de burbujas de agua de maíz
y todo su arte de burbujas,
flor que vivió en sus manos y más allá de sus manos
el instante de todas las burbujas,
de todas las especies efímeras.
Música de agujeros de burbujas, la melodía de su caña.
Música de vacío burbujeante
el tún-tún de los troncos huecos.
Y música de calofrío el estallido
de los globitos de aire sonoro
en la superficie de las teclas de las marimbas.
Y todo su arte de burbujas,
flor que vivió sus manos y más allá de sus manos
el instante de todas las burbujas,
de todas las especies efímeras.
Su poesía de burbujas de sangre guardadas en las sienes
por las quetzalpicaduras de las borlas sagradas,
sube del cocimiento del trópico de Cáncer
y abre flores de almíbar, respiraderos de miel,
a todo lo que hierve, a todo lo que existe,
real o dibujado por miniaturistas
que cubren de escritura burbujeante
pieles y cortesas ahuesadas.
Y todo su arte de burbujas.
Muros pintados de quetzales,
muros pintados de serpientes,
figuras pintadas en vivo sobre la argamasa
y tratadas después al oro dulce de la atmósfera.
Templos de jaguares que nadan entre burbujas de piedra,
cifras calendáricas, burbujas redondas
de la matemática de las constelaciones.
Y todo su arte de burbujas,
flor que vivió en sus manos y más allá de sus manos
el instante de todas las burbujas,
de todas las especies efímeras.
Pelotaris elásticos tras la burbuja de hule
que cruza la ajorca solitaria, del juego de pelota,
imagen fugaz y fugitiva de su arte de gorgoritos,
de su arte de burbujas ya herido...

Desatados los mundos,
disueltas las substancias,
desanudados los confines,
desimantados los cuatro lados del cielo,
deshojadas las flores,
despedazados los pájaros,
la lluvia desgrana sus mazorcas,
apresa al lago en cárceles de hilos
y lo entrega al Arcoiris triunfante,
Señor Siete Veces Precioso,
al Arcoiris que avanza con os pies de los cazadores,
sin peligro de caer enroscado como serpiente
de plumas de colores, en los espejos
del robador de huellas, del lago
que, herido Cuatricielo, se cubre de burbujas,
chalchihuitles que ocultan
los restos de sus artes efímeras.

Así y sólo así
podía ser herido Cuatricielo,
al mediodía,
con el reflejo en el agua
de una flecha disparada
hacia el sol.

Así y sólo así
podía ser herido Cuatricielo,
vulnerable al quetzal
que cruza el zafiro
hacia la luz.

Así y sólo así
podía ser herido Cuatricielo,
vulnerable al verde
que cruza el azul
hacia el amarillo.

Así y sólo así
podía ser herido Cuatricielo,
al mediodía,
al compás de los atabales,
en el juego-baile-de-las-flechas,
el baile de las quimeras.

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